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La seguridad del transporte rural en Colombia.
¿Una utopía o una realidad invisible?
por Néstor Sáenz Saavedra
Para contextualizar la realidad del problema, se debe pensar en la ubicación geográfica donde se desarrollan las actividades relacionadas con “transporte rural” en América Latina.. Cuando se consultan las estadísticas de accidentalidad rural, nuestras instituciones se refieren a la ocurrida en las vías principales y secundarias de la red vial nacional, donde la proporción de accidentes registrados es del orden del 10% con relación a todo el país. Es decir, “el problema es de tipo urbano”. Por lo anterior, las entidades se concentran en el estudio, análisis y propuestas para atender esta problemática en las áreas urbanas con prioridad y luego la ocurrida en la red vial intermunicipal. Aunque estas acciones han demostrado su ineficacia, por lo menos tienen alguna visibilidad, debido principalmente a que son contabilizados por las instituciones públicas y algunas privadas. ¿Pero qué pasa en las vías realmente rurales? No hay información registrada. Es más, a nadie le interesa recolectar información: el problema es “pequeño”, las distancias son grandes, las víctimas nadie las conoce, etc. Si no hay información, no hay acciones y las víctimas permanecerán invisibles.
Lo anterior, parece mostrar un primer campo de acción, una orientación para el diseño de programas que identifiquen el problema y gestionen la vulnerabilidad. Si es complicado gestionar la amenaza que representan las vías en mal estado, con diseños peligrosos, con vehículos deteriorados y viejos, con una gran variedad de paisajes y relieves, empecemos por las personas, a quienes debemos “enseñarle” mecanismos de protección, de prevención y de percepción del riesgo de sufrir percances en su movilidad. Pero, primero “aprendamos” de ellos, conozcamos en detalle sus dinámicas de vida, quizá pongámonos un poco en su entorno. Tal vez sea la manera más expedita para lograr conformar el “sistema de información” que nos ayude a encontrar la clave para ayudarlos. Paralelamente identifiquemos las características de los factores que representan condiciones “amenazantes” para su seguridad en el transporte. Utilicemos medios más simples pero objetivos, actitudes más abiertas pero serias y sistemáticas, pero ante todo, contemos con ellos.
¿Cuáles son los resultados que podemos lograr? ¿Qué cambios podemos esperar al final de nuestra “investigación”? Como primera medida desde cambios en comportamientos más seguros en poblaciones específicas: escolares, trabajadores, conductores, etc. Hasta lograr una cultura más segura, basada en la identificación de los riesgos que se corren en sus desplazamientos, de tal manera que conduzcan a un cambio en sus comportamientos peligrosos, a veces en forma inconsciente. En segunda instancia, esperaremos que de la misma población rural, se generen las ideas que permitan conformar estrategias para la disminución de los factores amenazantes: tratamiento de puntos críticos con medidas de bajo costo, ubicación de señales comprensibles y legibles, unas mejores prácticas en el mantenimiento de los caminos y de los vehículos, etc., pero ante todo, lograr que el tema de la seguridad en el transporte rural se convierta en tema de interés para toda la población rural, para los visitantes, para las entidades e instituciones que tengan relación con ellos, es decir sacarlo de su invisibilidad.
¿Que es otra utopía? Quizás. Pero como todas las utopías, vale la pena intentarlo!
Nota:
En Colombia donde existe un fondo de prevención para los caminos, las compañías con licencia municipal están obligadas a llevar un registro de los accidentes viales.
Esta opinión fue una contribución de Néstor Sáenz Saavedra, Profesor asociado, Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional de Colombia.
Contacto: nsaenzs@unal.edu.co
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